Comando G

El Comando G somos nueve: siete perras (uno es macho, pero siendo mayoría chicas nos negamos a usar el género plural masculino), una gata y una humana. Yo, la humana, me llamo Paula G, soy hedonista y perruna. Ah, y periodista, pero esto, en estos tiempos, es igual que no ser nada. Ellas, los perras y la gata, son hedonistas y amantes de los humanos, la mayor parte del tiempo. Ah, y felices, algo que, en estos tiempos, lo es todo. Somos de Vigo, pero vivimos en una pequeñísima aldea de la Ribeira Sacra, en Lugo. Un lugar donde los perros van sin correa y nadie se inmuta si de repente se echan a correr como posesos porque un corzo se ha cruzado en nuestro camino.

DSC_0042La mayor de la manada soy yo (1971), y me sigue Garimba (2010), un cruce que me regaló una amiga jurándome que su madre era mezcla de labrador y pastor. Resultó ser la cachorra más loca y miedosa que he tenido nunca, y desde luego, ni trazas de ese antepasado labrador. Ahora, ya adulta, Garimba es una guapa rastreadora que adora dormir enroscada entre mis piernas y que jamás toca a un humano para pedirle mimos; tan solo se sienta a su lado, mirando hacia el infinito, y espera a que la acaricien.

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Todo lo contrario de lo que hace la (a veces excesivamente) cariñosa G (2010), uno de esos perros que te tocan una vez en la vida. Perras maravillosas, inteligentes, que parecen más una extensión de ti misma que un ser aparte. G y su hermano Keixo vivían en en un punto limpio de una aldea gallega, donde fueron abandonados. La adopté en el Refugio de Animales de Ponteareas, Os Biosbardos, en 2012.

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Ese mismo año Leia (2012) apareció perdida en una carretera de Vincios (Gondomar). Me llamaron de la prote para ver si podía recogerla, porque la tenía una voluntaria en O Porriño que no podía quedarse con ella. Fui a buscarla con Garimba y con G, y en cuanto subió a la furgo supe que no podría dejarla marchar. No sé si fueron sus orejas interminables (es la única ‘de raza’ del Comando G, es un tipo de sabueso suizo, una Bruno del Jura), su mirada o ese impresionante pelo negro y fuego. Pero pese a que me vuelve loca (si nunca habéis tenido un sabueso no podréis entenderlo) con sus fugas tras los rastros, adoptarla fue lo mejor que hice en mi vida.

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Y en 2013 llegó el macho en discordia, Solo. Lo abandonaron en la aldea en la que vivimos con unos siete meses. Y este atolondrado cruce de pastor decidió acoplarse a mi manada para sobrevivir. Antes casi de darme cuenta, éramos cinco en casa.

 

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¿Creíais que la cosa terminaba aquí? ¡Pues no! Porque no contenta con todos los que tengo, en 2013 se me ocurrió hacerme casa de acogida para perros viejiños… y tras vivir unos meses con Durin y Zorrita, que ya están corriendo en algún Edén perruno perdido en la galaxia, en junio de 2014 fuimos a recoger a la Protectora de Lugo a Arwen. Con 11 años y menos de 10 kilos, esta adorable perrita nos ha conquistado a todas, y parece que lleva toda la vida con nosotras. ¡Y se viene a todas las pateadas! Y como una viejiña no era suficiente….

… en 2015 llegó a casa Paloma. Venía de acogida, de un programa solidario de la Prote de Lugo con Cruz Roja, pero tiene demasiados miedos y traumas y necesitaba una vida estable, y aunque la nuestra no lo es mucho, a ella le pareció que sí y decidió quedarse con nuestra familia.

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Ehhh, ¡que aún no hemos terminado el recuento! Nos falta hablaros de Arien, una preciosa gatita que encontré cuando tenía un mes, en mayo de 2015, y que ya es una más de la manada. ¡Quizá pronto la veáis ruteando con nosotras! A la que veis seguro es a Haiku, una perrita que, aunque no está adoptada por nosotras, vive con toda la manada desde julio de 2015. ¡Y parece que le gusta!

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En este blog os contamos las rutas de senderismo que hacemos, ideales para perros y humanos. Por ahora solo recorremos Galicia y hemos hecho incursiones en Asturias y León… ¡pero pronto conquistaremos el mundo entero!